Retazos de un náufrago

agosto 26, 2008

by Manuel Cavia

by Manuel Cavia

El joven Manuel se encontraba inquieto, la mano temblorosa sostenía una vieja y guerrera Yashica, cámara que lo acompaño durante largos viajes por el reino de las imágenes en su natal Argentina. Desde las tierras del norte que lo vieron nacer, hasta la capital que lo vio crecer, fueron fagocitados por la ansiedad de su lente, por la frescura de su pasión. Esta era su primera vez. Pirmera, si. Sin paradojas, apenas unos pocos años llevaba viviendo en la ciudad Paraná hasta que al final pudo ordenarse y retomar las riendas de su añeja y deliciosa pasión: la fotografía.

Tomo su pequeño automóvil y se dirigio sin dudarlo hacia el sitio en el que la ciudad es bautizada diariamente por las aguas del río que desde lejos le provee cordura e identidad. La costa del Paraná se vestía de recato aquella tarde. El vaiven de sus gentes, acallado por el frío, era reemplazado por el trino lio de sus pajaros, poetas de lo etéreo. El joven Manuel tardó, se paseo por la costanera con los ojos cerrados, parecía absorto, pero no, primero escuchó el paisaje de sonidos y de músicas, el silbido del viento sereno, viento viajero, viento que viene de lejos y trae el murmullo de una américa profunda, tan lejana como cercana; el paso lento pero enfurecido del agua, que se requibra de amor por el viento pero no lo alcanza, tan lejano, tan liviano, y ella tan terrestre, condenada a los antojos de la tierra y sus ánimos geográficos. Mientras tanto Manuel abrio sus poros para recibir la frescura de aquel entorno, el frío no lo molestaba, su cuerpo entero iría formando la imágen sensorial de lo que después sería una imágen icónica, el sustrato de la fotografía esta en la comprensión que del paisaje tiene el fotografo. Pero el paisaje hay que verlo con los miles de ojos y retinas que tiene el cuerpo, desde los aromas, hasta los sonidos y los gustos que poseen sus frutos.

Una vez que Manuel alcanzó a comprender el ritmo, funcionamiento, lógica, la temperatura y los latidos de aquel retazo de río que lo enfrentaba, y que poco a poco lo integraba, sacó del estuche a su compañera Yashica (o yésica, como a veces las llamaba cariñosamente) y no sin un temblor parecido al de los amantes que por primera vez se encuentran desnudos el uno al otro, tomo esta fotografía. Ventana del tiempo.

Anuncios

One Response to “Retazos de un náufrago”

  1. Lucho Says:

    En primer lugar, mis cordiales agradecimientos a estos indescriptibles “sujetos” por su dedicación a compartir cada guison que deciden conmemorar. Segundo, permitasemé desconfiar rotundamente de la edad de Don Manuel…Creo, a esta altura, estoy en todo mi derecho.
    Saludos y felicitaciones.
    Lucho


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: