Hotel Corazón

agosto 30, 2008

Yo no conozco los finales

de ninguna cosa,

solo hay comienzos…

tengo el corazón hecho un hotel

una habitación de paso cañazo

donde improviso amores de estación

de esos que vienen y se van

como un buen trago de ron

un cuartito al costado de la ruta

en cualquier parte o cualquier todo

o cualquier ningun otro modo

de ser choza que protege

contra las virutas del tiempo

llego de mi paseo y ya están ahí

ellas entran sin aviso

y se sientan a lamerme la piel

como lobas esperando los colmillos

de algún lobizón

el olor a sábanas sucias

se mezcla con el naranja polvoriento

que humea en las cortinas

telas rancias, sabor de nicotina

decenas de cigarros las tiñen

de trasnoches en trascuerpos traspasados

ese encuentro de dos tiernas

esponjas de saliva

humedece nuestros labios

sabores nuevos trae el río, yo lo se,

y se enrosca como serpiente

o cabello en luna de mujer floreciente

dulce pudor de damas nocturnas

no quieren que el sol las vea desnudas

solo abren su sexo en la fase más oculta

Pero yo me quedo allí

en mi hotel corazón

redondeando para arriba cualquier cifra de dolor

tanto tiempo para darme cuenta

que el corazón es un tambor

hay que calentarle el parche

al latido del fogón,

y sacudirle con una buena mano de pasión

la cáscara resaca de olvido

el corazón es un tambor yo se los digo:

curtido suena mejor…

y cuando canta le pone a su alarido

todo el rugido del viento que lo muerde.

todo lo muerde, el corazón se muerde

y muerde todo,

como ese puma que se esconde dentro de la madera,

garganta hueca del retumbe

En el lecho de mi estancia

me siento monte sin alamabres

que me prohiban amistad con la maleza,

la hierba seductora destreza

con que la tierra adorna sus caderas

y le rinde culto a la vida

orándole al sol.

Cansado, huí de la soberbia del amor

que se cree dueño y señor

del tráfico de bocas en tierna vocación de masticar

burocracia de erócratas

que le ponen impuestos al cariño

ese amor altanero,

solo atrae negociantes,

tengo el corazón hecho un hotel

pero primero es un tambor

que le pone pecho al dolor

y lo grita sin miedo

por su garganta de madera

Yo no conozco los finales

de ninguna cosa,

solo hay comienzos.

Diego “negro” Perez

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