a la mar de un cronopio

octubre 15, 2008

unitas palabras desde el muy acá. donde grillan los grillos y liban los tábanos


Es el sabor de la muerte que esta cerca. Aquel gustito amargo, pero fuerte, que recorre la garganta de uno cuando la muerte se nos presenta, y mirándonos a los ojos nos dice presta: ven conmigo, que sintigo algo me falta.

Lucas estaba sentado en el cordón de la cuneta comiendo nísperos cuando tras un paseito de la Juana, la muerte se le acerco un poco. Eran las tres de la tarde, plena siestecita de febrero cuando la Juana, que por esas horas esta más desnuda que vestida, salio a comprar un poco de jugo para el mate tereré. Cosa que al verla salir tan derrepente, y suelta en movimientos, lucas se abandono a mirarla con detenimiento e indisimuladamente. Ahí es cuando a la Juana, que se le debe haber levantado la pollerita de tan fuerte que la observaba el lucas, pegose una ojeada para descubrir al miron, y de pronto al lucas el carozo se le bajo hasta la garganta, produciéndole un atragantamiento.

Cosa que casi se nos muere el pobre diablo, sino fuese por el churrasco lopez, papá de Juana, que demostrando su pericia en primeros auxilios, y para sorpresa del vecindario que lo tenía nada mas que como empliado público y bebedor, le sustrajo la semilla de la muerte al lucas. Aminorado este, ante la observancia del resto de los vecinos que prontito nomás ya hablabán sobre su tontez. Y ya que está también se hablo sobre lo liviana de ropas que anda la Juana, y hasta algunos valientes ya le ponían fecha a su primer premiatura.

Cosa que de a ratito nomás, la Juana fue el tema del barrio. Más quel calor con su sequedad feroz le ponía hielo al vino y este que la lengua afloja: ya ni las gurisas tienen yespeto, que le andan medio en bolas a cualquier hora. Pa pior de los hombres, que no pueden prestar atención a su tarea cuando así se pasea una hembra.

Ahora el lucas sentado en el borde del ventanal que se usa de puerta pa´ pasar de la cocina al patio. Una higuera mugrienta da un poco de sombra y un puñado constante y sonante de moscas que alborotan la mañana. La tía que no habla, tejía una chalina pal invierno que esta lejos. Meta punto cruz que punto no sé cuanto, y el mate lavao que no va y se cae por donde venía la tejedura. Que ansi no puede seguir, y demás puteadas largo la tía que no era tan callada. Ahora el lucas se bancaba sus chillidos.

Del lucas poco nos queda, a no ser por su terca sinceridá. Que lo obliga andar metiendo la pata, onde los demás ni se animan a pisar.

Cronopio de regular investidura, lucas subía una escalera para ponerle tono la antena. Son las cinco de la tarde y no enganchaba su programa, cuando descubrio que el sol y la luna por el cielo a la misma hora andaban. Quelopario se dijo pa dentro, cuando  descubrio que desde la azotea se veía el barrio entero. Con sus calles de tierra, los gurises y sus perros, de qué la va, aquel viejo vendedor rengo. Más resulta que no vendía sino que levantaba, la quiniela clandestina como le dicen los de barba. Berrigudo petizo y ondulnte pa caminar, se paseaba tutias las tardes gritando ¡HOY JUEGAAAAAA!

Tal era su chillido que los gurises apenas lo podían escuchar, y como lo tenían por loco que anda maldiciendo insensateces, se escapaban y refugiaban tras los árboles, no vaya a ser cosa que se enfade.

Más ahí lucas pudo ver como la maria, que era vieja, viuda y algo borracha, se jugaba unos pesitos a la vespertina. –El númerito de siempre don Fulgencio, el 48, muerto que parla. Sucede que otra vez se me aparecio mi marido José y me decía que no olvide cortar la parra. Era que le gustaba tantísimo cuando hacíamos el vino desas uvas, a él le caía bien cuando era más bien dulce. Se le alumbraba la cara como un sol de noche, y ahisito nomás si había música se largaba bailar.

Lucas miro la escena con detenimieno, agarrao a la antena como la verga de un velero. En aquel momento, ante el resplandor de tremenda escena, el viento fuerte lo gorros vuela. Y de qué va la cosa si hasta la casa se movía, de tanto que soplaba el viento sin gomina. Lucas no se dio cuenta pero la cosa ya andaba, que la casucha a penas de madera, vuelo también tomaba.

Los vecinos todos absortos lo miraban sin disimulo, la maria por las dudas le puso pesos a otro número. Los gurises del potrero le tiraban piedras, y desde entonces el lucas por los cielos navega.

elnico

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