el sátiro de la mala leche

diciembre 20, 2008

ojo7vo

La noche fagocita cuerpos. Silenciosa, dulce y armoniosamente conduce a sus victimas por el acogedor pasadizo de la muerte, que agazapada espera hincar el filo de sus colmillos en el cogote de aquellos cuerpos.

Lo veo en el colectivo, en la plaza, reunidos en algún bar. La noche los envuelve con su ceguera y su sordera dionisiaca, con su sabrosa conjunción de aromas y de formas, de ritmos y delirios. La noche, eterna seductora, encubre su faceta moribunda, su encarnizado oficio homicida, mientras las falangues amarillentas de una muerte rancia, se deslizan por la piel cobriza de una joven en minifalda.

pero hay tanta belleza/ tirada en la mesa/ desnuda y toda rebalsada

la noche carnivora, la noche canibal, la noche eterna buceadora de inconscientes, la noche encarnizada y enraizada máquina de demoler, la noche y sus secuaces, sus fangosos secuaces de la lumpenidad, que mendigan un cuerpo para babear. Viscosa pléyade sanguinolienta, amarras que se rompen y cruceros del dolor en un mar de tortas fritas asesinas.

La noche impone su gélido resplandor, la intransigencia de su estelar investidura, la pedantería de creerse eterno, cuando todos sabemos, a ojo de buen cubero, que las estrellas son mera ficción de un circo criollo, planeado entre togas y drogas Resonancia del amor, del dolor y el coliflor.

elnico

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