un viaje a oriente

enero 23, 2009

a continuación una más de esta persona, el negro, también conocido en ámbitos cumbierointelectuales como “le nigar” o “lenin garcha” o “le ni garcho” aacerca de su viaje pequeñoburgues y psicodélico por un río también psicodélico. A quién se le hubiera ocurrido que un río no sea un río, sino un cielo!!!!!!!!!!!!! sólo a un drogadicto!!!!!!!!!!!! jjajaja bien. sin más, los dejo con la fabulosa y estrafalaria pluma del “negro pete” o “negro pere”, tal como se lo conoce en el barrio.

salute

jean deam

Si el sol nace por el este es porque allí se encuentra la fuente de toda vida. Al menos esta creencia consta entre los pueblos Incas y los Egipcios. El sol sale y empaña toda la mañana, la humedad duerme la siesta y vegeta su aliento en la porosa lámina de humus que llamamos piel. A la deriva, somos un soplo y una sombra de humedad goteando vida entre los huesos. Quizá la vida es eso, un gota a gota incesante, una lluvia que erosiona todo a su paso, se lleva tras de si el suelo, la tierra. En el principio no había polvo, en el principio fuimos mar. Pero la tradición de dioses acuáticos se perdió con la llegada del culto a lo único; es que los dioses de agua son cambiantes, bajamar y pleamar hacen que el culto sea imposible. No se pueden construir templos en los grandes océanos, este solo pensamiento basta para espantar a los burócratas de la salvación, aun a costa de ignorar que ellos -los océanos- son el más grande templo natural que deberíamos venerar, ya que sin ellos la vida en la tierra sería imposible. El agua responde al llamado de la luna, mares y ríos son lobeznos aullando hacia su gran madre, y ella solo les regala una pálida sonrisa que se desvanece con los días. La luna viene sonriendo, y se despide sonriendo; amamanta a sus hijos con tierno pecho de mujer y tan pronto sacia el hambre de sus críos, se fuga misteriosa enhebrando el horizonte. Su territorio es de agua salada y dulce, cuando aparece -en luna nueva- sale a pescar lunares barrigudos como crustáceos microbianos. La luna está de pesca, tengan cuidado, los puede llevar a cualquier paraje. Pero siempre fue así, somos seres migratorios, somos nómades cetáceos, somos piel que da paso a otra piel. Cuanta masa se apelmaza y condimenta su incípida labor con placer y dolor, cuanta brasa que se atrasa en su labor, cuanto de crudo nos queda en esta carne de embudo que teme apartarse de su fogón, en lugar de buscar otras llamas errantes.
Yo no se qué metáfora o metonimia es el pensamiento o si nada más es la música que hace nuestro instrumento nervioso, pero algo me dijo que debía emprender mi viaje al oriente. Y fue así que trabé amistad con la melancolía y le negocié al desarraigo cinco lágrimas menos. Qué desperdicio de agua es llorar, pero qué bien le hace a nuestro ecosistema. Fuego, pasión, vapor, tormenta, agua, llanto, río. Y quedamos limpitos, como si nada, como si el dolor fuera esa basurita que se te adhiere a la retina cuando el paisaje deslumbra demasiado como para pestañar. Me fui entonces, al este, y el sol se empeñaba en correr a mis espaldas. Claro, nada tonto el dios de los egipcios y de los incas, desde atrás lograba proyectar mi sombra. La sombra… esa sobra que parece quedarle a la luz, como el requecho de una figura mal cortada, como un exceso de materia que se desmaterializa en humo negro. Mientras caminé la vi y la pisé, la perseguí y la aplané, la engrillé a mis pies, le prohibí salirse de mi silueta. Pero ella hacía lo que quería; “triste espejo que eres sombra -dije yo- tan gris y nada más”. Pero debía ser así, ella solo muestra lo mínimo indispensable de nosotros mismos, y también lo que solo se ve a contraluz. A mitad de camino, a pesar de mis quejas insistentes, debí amigarme con ella y aceptar que me acompañaría a todas partes. Pero ese plumaje nocturno no fue el único que me acompañó. Ahí estaban ellos, he aquí a estos buenos tipos, mis amigos. Un viaje se hace en manada, o se hace solo pero por la manada. De allí el famoso caso del loco que decía ¿”dónde está mi tribu”?. Muchos psicopatólogos y patopsicólogos quisieron curarle lo que era su aparente “enfermedad”. Pero todos erraban en recortar su patología al cuerpo individual, al fin y al cabo su problema pasaba por otro lado, ¿dónde está su tribu, dónde esta su comunidad?. Un chaman hubiera sido más efectivo. Ahí está lo múltiple, no hay individualidad sin diversidad. Un viaje al oriente, un brahmido por la tribu, por el quiénes somos y hacia dónde vamos, incluso tal vez, por el vallamos juntos. Quiensabequiénessomosyhaciadondevamos. Pero si somos, así, en un plural no cuantificable, entonces quizá podamos cubrir el suficiente espacio como para tener un norte, un sur, oeste y para los pretenciosos, también un este. Este y aquel, son mis hermanos. Helos aquí, son mis hermanos y no porque tengamos padres en comun, sino porque en comun tenemos la vida y la palabra que vive. La palabra es una piel sonora que se enrosca en nuestro esqueleto social.
Y un viaje al oriente siempre es un canto que termina en el río, ¿porqué?, pues muy simple, porque un viaje así se hace por la búsqueda de agua dulce. Como el Che, vamos de planeta en planeta, buscando agua potable. Alrededor del agua y del fuego somos pueblos, de lo contrario solo rocas y cenizas. Al este esta el río Uruguay, sangre de la tierra, elixir de nube, larga cabellera azabache que el monte despliega a su paso. La costa es bello púbico que se hace camalote y erotiza caderas arenosas.
He dicho, y he hablado, pero puede que incluso al ojo más avezado se le escapen los porqués de las cosas. ¿Porqué un viaje al oriente?, eso siquiera yo lo se. Quizá porque al hacer el mismo camino del sol podemos vislumbrar los tesoros que solo el ocaso deja ver, ese lento arado de hierba que se dora al atardecer. Un viaje, un rastro de recuerdos, fino hílo lumínico de evanescente radiación. Sin embargo, más allá de tanta palabra gaseosa que infla de uno en uno los globos de la imaginación, mi viaje -que por cierto recién comienza- nunca fue tan complicado. Yo fui al río de los pájaros para hechar un beso al agua, para limpiarme la herrumbre del amor, para dejar que las heridas sangren su mugre enquistada. Inmunda secreción de lixiviados se me escurrieron por la piel: cuando uno se olvida de reciclar, el corazón se le vuelve un solo callo. Ya no se cuántos besos rellenaron con algodón de azúcar mi boca floja; hice barquitos de papel con todas mis penas y deseos, y allí partieron como un cardumen de cometas flotadores.
Me fui al oriente, y vinieron conmigo los rotos en diáspora, los flacos en migración, los perdidos con mapa, las putas del amor, los gansos en pluma de burgues, las ballenas de plancton canabinol, los ex-combatientes de vino en cartón, los trovadores de guitarras negras, los tipos buena gente de laburo, los amantes de la macumba de fogón, las viudas del épico corazón, las maquilladas con esmalte de cristal, los guerreros del insomnio… y yo me fui con ellos también. Qué se yo si todos teníamos el mismo destino, los labios del río son extensos… yo llegué y encontré mi rio y mi arena, mi mate y mi guitarra, mi amistad y mi palabra, eso fue suficiente. Así es el sol cuando se va para el oriente.

negro.
17/01/09

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5 Responses to “un viaje a oriente”

  1. Román Says:

    UNa foto que demuestra el Negro Pérez está incursionando de lleno en el Regatton. Lo felicito por explorar este nuevo territorio. Jajja. Abrazos.

  2. walter Says:

    este -y desde ya no me digan que ‘no’, que ‘quizá’, ‘tal vez’, o ‘todo depende’-, es un guison bastante exótico, hasta estrafalario… bueno, es que la digitalización de un guiso, carrero o uno a fuego lento, aunque estemos en el siglo 21, no me convence, a mí -no tiene porque a udes.-; prefiero, papa, fideo o arroz últimamente, osobuco o algo que lo suplante, tomate, la cara del negro que no sea en foto, un poco de pan, vino tinto, especias a gusto del cocinero (¿el nico?), no hay con que darle, además, sin herir susceptibilidades, la presencia de barbudos/as pos sierra maestra, marcianos/as y pos modernos/as, pos floggers/as y para quedar poco menos machista: señoras proletarias, señoritas peronistas. no me digan que no, que quizás, que mañana vemos, el guiso -udes sigan haciendo también lo suyo- se hace en el mes de febrero!!!! saludos y abrazos. ah, este año, hay 29!!!

  3. elnico Says:

    como es correcto en estos casos, recién leo el post del negro pere,y me quedo con mil impresiones que luego trataré d eprocesar, pero aqui una: “ex-conbatientes del vino en carton”, adhiero a su lucha, troesma. y como diría walter desde la insurgente ciudad de cerrito: “barbudos pos-cierra maestra”, ni que hablar de los barbudos pos-muro ¿se viene una nueva edición del guisón…? lo dejo al debate de los guisonistas, espero sus propuestas amigos!!!!!!

    desde mi alcoba rebelde
    general guisero elnico

  4. arnaldo jorge bittor Says:

    Hola Negro Martín!!!

    He leído, me he cagado de risa y me ha sorprendido tu pluma con el talento de siempre peor mas afinada y depurada por la técnica.

    Estaré por Paraná entre el 18/02/09 y el 05/03/09 y me gustaría charlar de “bueyes perdidos” contigo y con Nico

    Una forte AbraÇa.

    Jorge

  5. le nigar Says:

    apuesto a otro guison!, aunque podría ser un “picadón con cervezón” mejor para el verano

    JORGE: avisanos que me encantaria hablar

    walter: barbudos, pero pos-sierra estudiante!

    salu2

    lo abrazo pa utede loco


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