Los cercos del espíritu y la tangente postmoderna

abril 19, 2009

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El mundo se va haciendo cada vez más chico, como si lo hubieran lavado con agua caliente, mundo de polyester. De pronto, lo que siempre fue campo, monte, cielo y río hoy se ha vuelto asfalto, ruido y gritos, broncas. Cada vez se vuelve más pequeño el mundo, cada vez es más necesario correr. Y cada vez más son cotizados los campos, los montes, los cielos y los ríos. Pues tambien son menos los espacios, y son más y más diversos, más sofisticados los cercos. Cerdos cercos.

Nos encontrábamos buscando un paraíso. Anduvimos toda la noche a tientas, caminando despacio y calculadamente o corriendo enloquecidos hartos de tanta tensión. Buscar paraisos es tan trabajoso que uno termina por considerar un oasis el primer charco con que se cruza. Y asi es, habíamos conseguido un poco de paraíso a bajo costo. Si bien el viaje era sencillo, no pude despegar mi mente de las transacciones cotidianas, de las responsabilidades, las culpas, los atinos y desiertos desaciertos. La posibilidad de volverse humo para burlar los cercos, se esfuma con el primer ventarron. Y así fue.

Me encontraba mirando al sudeste cuando vino la muerte en un fiat 147.  Sus ojos rojos de sangre, sus palabras olian a odio, y en sus fauces ardia el dolor.

Tenía una leve sensación de que a esto ya lo había vivido. O de que por lo menos, entendía qué era lo que estaba pasando. Aunque no podía hacer mas que quedarme quieto y traslucido a las llamas de su discurso ensordecedor. Se bajó del automovil y su cuerpo dijo mas que sus palabras. Fue entonces cuando me di cuenta que atrapados en el mismo corral, a unos se le da por escapar mientras que otros se violentan.

Sin embargo no se iba, ya había pasado por lo menos media hora y seguia expulsando puteadas en una clara estrategia de catarsis con chivo expiatorio incluido, cuando me pregunte ¿por qué se la agarro conmigo? ¿Qué fue lo que le molesto tanto? ¿Una mirada?

Nos reconocemos participes del mismo corral y corriendo contra el apremio del amo puñal, deseamos salir escapando sin pudor de matar. Máquinas de azar, correr por volar. Como dice el tango, el que no vuela mata.

elnico

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