felizcumpleaños

junio 23, 2009

112

Mi hermano acaba de cumplir años. Es la vez número 27 que festejamos el hecho de que mi hermano vino a este mundo, y se quedo con nosotros para compartirlo. Porque uno nunca sabe el momento en que al otro se le ocurre irse al carajo y dejarnos con la torta a medio comer. Pero el caso es que mi hermano cumplio sus 27 años. Por esas raras costumbres de la vida, al muy boludo se le ocurrio nacer un día después del cumpleaños de mi vieja. Bastante atravesado el petizo (porque siempre fue retacón) en vez de nacer el mismo día que la vieja así hacemos doblete en la fiesta, el loco se abrio y dijo “yo quiero una fiesta para mi sólo”. Asique salió del cascarón un día después de que mi vieja estaba cumpliendo sus 22 años. La cosa un tanto mas revirada se pone si le sumamos el día del padre, que siempre coincide con los cumpleaños de mi vieja y mi hermano. Esta vez por ejemplo tuvimos los tres festejos juntos. Como los gitanos, tres días de baile y risotadas, comilonas y recuerdos.

Llegan las doce de la noche, y tal como lo exige la tradición las mujeres de la casa (a las que se suma la novia de mi hermano, próximos al casorio) preparan torta, velitas, regalos y otras herramientas para el festejo. Los aplausos, y la desentonada canción del felizcumpleaños. Nunca nos ponemos de acuerdo como le decimos el nombre, si jopi, josé o cómo. Pero la canción sale. En esos pocos minutos que unen las dos jornadas, en esa tierra froteriza entre el 22 y el 23 de junio, pero de 1982, mi vieja cumplia años, y nacía como madre a la vez. Mientras tanto mi hermano por primera vez nacía como hijo.

Es la hora. Sopla la velita y mi hermana en la otra punta del comedor enciende las luces. Mi vieja lo estrecha con un cálido abrazo de madre. Me detengo a verlos, dice mucho ese abrazo. Vaya uno a saber ¿no? y cuando terminan de abrazarse, medito una milésima de segundo y lo apretujo con un fuerte abrazo, mientras pronuncio un gangoso “feliz cumpleaños jopi”. Lejos de esos abrazos trámite a los que estamos acostumbrados, esta vez me decidí comunicar con el abrazo, decirle que no es cualquier abrazo, y que el hecho de que me haya acompañado en estos 23 años que llevamos como hermanos no pasaron así nomas. Entonces fue cuando una sucesión infinita de imágenes se me pasaron por la cabeza mientras lo saludaba. De pronto lo vi con 11 años apenas, en una casa en San Fernando, la familia mucho más jóven. Mi vieja no tan vieja. Mi viejo con esos bigotes ridículos que usaba, y mi hermana con apenas un año en brazos de su madrina. También la recordé a mi abuela fallecida, la abuela Nancy. Otros cumpleaños mas lejanos. Cumpleaños en remeras de mangas cortas, que son los mios, porque yo cumplo en verano. Un film gigantesco paso por mis ojos mientras abrazaba a mi hermano José.

Nunca sabré si a él también le pasaron todas esas cosas cuando nos abrazamos. No tiene por qué. Más soy yo el enrollado con el pasado, que se obstina en volverme a la retina y traerme con la imágen sonidos y aromas, risas, voces, gustos, colores y luces. Creo que nunca se lo dije, y no sé si se lo voy a decir, pero cada vez que charlamos, en el momento que charlamos los dos sólos, como hermanos que somos, porque esa es la ley primera, es un pedazo de historia que se me vuelve a la cabeza, y una sonrisa se dibuja en mi cara. Sus 27 años, mis 23, no son más que años de estar juntos y mandarnos todas las cagadas que nos mandamos los hermanos. Son años en los que juntos crecimos y peliándonos nos fuimos creando, asi como también nos defendimos. Hoy me pinta plasmarlo, porque sino a las palabras se las lleva el viento, y nos las trae nunca mas. Como nunca más el viento, o el tiempo, nos va a traer la niñez que fuimos, con sus personajes del barrio, con los abuelos todos, con los colores de la ropa, con los aromas de la casa, con los días con gusto a sol en la plaza de a la vuelta, y sus interminables partidos de futbol.

Ahora las palabras se transforman en lágrimas, que no me dejan escrbir más. Hace 27 años atrás esas mismas palabras se transformaron en un cuerpo, y con sus palabras me acompaño todo este tramo. La alquimia del llanto, la magia del texto que teje mi historia y las emociones ligadas a ella. Nadie sabe lo que pueden los relatos, nadie sabe lo que pueden los enanos, el jopi es uno de ellos. Capaz de desarmar al mundo con sus manos, y hecharlo andar nuevamente.

Gracias jopi

elnico

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2 Responses to “felizcumpleaños”


  1. que lindo,
    sentirse en casa..

  2. papi Says:

    uno comiensa a escribir con los acontesimientos cotidianos de la vida . uno comiensa a escribir con los sentimientos que a uno los desbordan. la tradicion es la identificacion de una famimilia y cuando esta se pierde no hay arbol genialogico que lo reconstruya.

    papi


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