La vacuidad del actor

agosto 23, 2010

Recuerdo que alguna vez leí en un libro sobre Lao Tse que del cuenco, lo mismo que del hoyo o de una ventana, lo más importante era su vacuidad. Y por momentos me tiento de pensar que lo mismo pasa con el actor. Lo cierto es que algo pasó la noche del estreno y no puedo nombrarlo aún. Pero siento que el único modo de morigerar el peso de la pregunta es desovillando la madeja, y quién sabe, quizás escribiendo se deja.

Aquí va:


La noche se extinguió. Muy de pronto el colorido flujo bochinchero de la esquina más ruidosa de La Paz se esfumó. Las lomadas caprichosas y las barrancas ansiosas exhalaron un halo de viento fresco, entre tanta atmosférica humedad.

El actor, ya profundamente borracho, percibió los signos de su soledad nuevamente. Todo en derredor se había escapado. Disimuladamente las formas de la música y sus cuerpos se desdibujaron, y sólo los puntos lejanos de las estrellas lo acompañaron. Entonces un grupo de agudas tristezas atravesaron su cuerpo con preguntas como espinas. Tan sólo unas horas antes el actor intentó encarnar, o tal vez crear, la historia de los rebeldes hijos de esa ciudad. Todo indicaba que la revolución fue un éxito. Pero al volverse medio doblado del pedal, el pobre actor percibió de su tarea lo fugaz. De qué va, se preguntó, si al final todo es igual. Lo mismo el tiempo su arte engullo, de idéntico modo la revolución diluyó.

Entonces emprendió el camino de vuelta, medio rengueando pa divertir a su público imaginario, y se dio vergüenza nomás. Todo hasta ahora era incomprensión, puro músculo, instinto de supervivencia, poca revolución. Las cosas se le derraman por entre los dedos, intenta asirlas y lo mismo se le escapan. Intenta nombrarlas y la realidad se le burla. Entonces el actor ya vencido por la balacera de aquellas preguntas, se detuvo, miró la fachada de la policía, aquel imponente aunque deteriorado edificio que otrora los rebeldes conquistaron y percibió la obesidad de sus proezas, la torpeza de sus certezas, y su aliento a cerveza. Y continuó rengueando, aunque no le dolía absolutamente nada.


elnico

23 de agosto (la pucha, se me hicieron las dos de la mañana)

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3 Responses to “La vacuidad del actor”

  1. maxzit Says:

    La Pucha Nico… es tan agradable lo que escribis que no se puede dejar de leer… jaja me encantó…

  2. arielo Says:

    jodido che…
    y al final para qué?

    me canso de decir siempre lo mismo…. de sentirme tan cerca de tus relatos, pero si hay que repetirse, invariablemente seré el primero!!
    abrazo enorme!


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