una postal

octubre 18, 2010

Me siento en la vereda, veo los cadávaeres pasar flotando en el arroyo. la vieja de al lado plancha los billetes antes de usarlos en el supermercado, siempre le gustó andar con la plata prolija, pobre pero limpia. Su hijo guarda las pistolas en el cantero al costado de la casa, y la hermana riega luego las plantas en ese mismo cantero, sin sospechar que se le humedece la pólvora. Cae la tarde y el gordo se pone a freir unas postas que pescó encarnando con tripas humanas en descomposición. Llega carta, la recibo, la abro, la leo. Es hora de concluir.

elnico

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