Semblanza de la impaciencia

diciembre 20, 2010

Ebullición constante, roído fiel al interior de la carne trémula, insistencia del segundero delator, el silencio se descompone en miles de imágenes lanzadas al aire e incineradas junto con el despìlfarro butanesco de tantos abrazos sin dar. Todo en la misma atmosfera, alcanzado ya por el inconfundible fuego de la incertidumbre, el devenir arremolinado de tus alpargatas gastadas sobre los charcos que la lluvia nos regaló en la vereda de mi casa, la noche en que el agua repetía incansable los latidos de mi corazón al esperarte.

Impaciencia perruna, vagabundo cada vez más consciente, la mirada apagada, saboreando zócalos cual manjares budinescos, y cada tanto un trozo de carne trémula, una cadera fofa para olfatear, y ver mecerse en la oscuridad los contornos suaves de unas curvas a gran velocidad. Combustible ecológico, energía vital en un cuerpo arruinado, con el sueño cansado de tanto caer en saco roto, sucio pelilargo, ojos rojos, la boca sedienta y el torrente sanguíneo inquieto. Las manos hajadas, transpiran la necesidad de asir tu vendaval, y dando manotazos nos acercamos a la triste imagen de quien busca nubes y cielo donde sólo hay gases. Maldita ontología, me mintieron y les creí, les creí y me crei, y tan sólo creí que era cierto, ser cierto, que lo cierto pudiera ser, y que pudiera haber un ser y por lo tanto un cierto. No más ciertos, no más ser, tan sólo desierto, porque de cierto hay poco, y de ser ni hablar, sólo devenir, apenas coágulos, grumos quizás, que como los médanos van mutando sus posiciones (como aquella noche) de acuerdo a los antojos de ese otro gran devenir, el viento.

Maldita ontología, maldita teleología, sin revolución feliz se ha de vivir. La revolución consiste en dejar de pensar en una revolución. Y por lo tanto este mensaje se autodestruirá en tan sólo el tiempo que lleva hacer click en la cabeza, y ya no necesitarás pensar por fuera de los sentidos, maldita ebriedad del ego, creerte, primero creerte, después adjetivarte y por último adjetivarte de modo tal que ya nada podrá contigo. Tan sólo un grumo, fugacidad, la jaula es la ontología, la piel los barrotes que te aprisionan, pero que lindos que son cuando como los tuyos, barrotes perfumados, se dejan acariciar y mecer en una fresca mañana de verano.

 

elnico

 

Anuncios

2 Responses to “Semblanza de la impaciencia”

  1. nGr Says:

    se puso interesante, me gusto

  2. maris Says:

    ay nicolacete, qué bonito escribís… 🙂


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: