terror en la comarca

febrero 11, 2011

un grito desgarrador atravesó la cuadra. nadie salió a ver qué pasaba. igual que como lo hacía yo, apenas unos ojos timidos se asomaban por la ventana. los vecinos preferían esconderse a involucrarse, mientras los gritos aumentaban. el desgarro del dolor y la hondura del alarido estremeció mis tripas, y mis músculos se tensaron. mi mente arremolinada tuvo miedo, y mintio a sabiendas que la sangre pronto mancharía la punta de mis zapatos. entonces destapé una botella de vino, aumenté el volúmen de la música, y con el sudor en la palma de las manos intenté evadirme un buen rato. pero los gritos crecieron, en cantidad e intensidad.

 

esa noche costó dormir, al sonido de las alarmas insistentes se sumaba los gritos y los golpes en las puertas. la súplica, el constante pedido de ayuda. los gatos del barrio enseguida se organizaron, y en silencio fueron registrando los sucesos. pronto una delicada red de gatunos agentes se expandio por entre medianeras, ventanas y cornisas, y registraron al detalle cada uno de los rostros de la muerte. Pero el pánico invadio los cueros que salieron indemnes del terror, a los que nada nos hacían, hicimos nada, la plancha. algunos resaban a dioses consagrados y paganos, otros meditaban en silencio esperando huir con su alma a cuestas allá donde el horror no tuviera influencia, los otros nos dedicamos a experimentar la impotencia, y recorrer las cavernosas profundidades de la cobardía.

 

elnico

 

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