el adiós de Madre Coraje

marzo 28, 2011

En El Diario de Paraná se coparon y me publicaron este pequeño pensamiento sobre Madre Coraje, que ya se termina, y su relación con acontecimientos de la semana política local, nacional e internacional, mas alguna visión sobre la escasa repercusión que la obra ha tenido para muchos actores de la cultura entrerriana. Cuestiones del diseño no permitieron poner la última parte del último párrafo, una lástima. pero aquí va la nota completa. y nuevamente gracias a los que hicieron posible aparecer mis humildes palabras un domingo en El Diario, un sueño cumplido

 

El adiós de Madre Coraje

Madre Coraje, el clásico universal escrito por Bertold Brecht, abre un abanico de mensajes hirientes para la realidad actual. Todas las instituciones burguesas caen en el filo de las palabras de un Brecht siempre genial. Pero la principal protagonista de la obra, la guerra lisa y llana, ocupa la centralidad del relato como espacio privilegiado para la renovación de la dominación y del negocio de las cúpulas burguesas, eclesiales y por supuesto, militares. La finalidad última de esta historia, quizás pueda entenderse (y digo quizás porque es un tanto pretencioso atrapar el núcleo de esta formidable obra) como la antinomia explícita entre el pueblo y las guerras. La guerra como artificio burgués, y la vida del pueblo, condenado a vivir y a morir de ella, chocan constantemente y producen la tensión que atraviesa la obra entera, y avanza escalonadamente, en cada peldaño que significa la muerte de los hijos de Madre Coraje.

Dos hechos enmarcaron y dotaron de especial significado a esta función de Madre Coraje, en el coliseo mayor de nuestra ciudad. El espectáculo producido y dirigido por Mario Martinez, se desarrollo esta semana dialogando por un lado con la intervención de los países miembros de la OTAN en Libia, habilitada por la resolución 1973 de la ONU, según dice, para asegurar el cumplimiento de los derechos universales, y asegurar una zona de exclusión aérea en el cielo libio. El poderío de las fuerzas de la OTAN, la sofisticación y perfeccionamiento de la industria de la muerte que en alianza con los sectores financieros, mediáticos y sus gestores locales, los gobiernos del primer mundo, acorralaron al dictador Gadafi, inutilizando con velocidad y eficacia sus defensas antiaéreas y sus capacidad ofensiva en el aire.

Hasta aquí todo parece justo: los paises con mayor desarrollo militar y económico cuidan la población de los países atrasados de sí mismos. Este primer paso no sería mayor escándalo si no estuviera acompañado de los intereses geoestratégicos, y fundamentalmente petroleros que sabemos, acompañan la intervención militar. La ocupación de Afganistan e Irak, por parte de Estados Unidos fundamentan esta intuición. Lo único que lo puede hacer dudar a uno es el otorgamiento del premio Nobel de la paz al presidente de uno de los principales países de la alianza justiciera, pero supongo que los suecos nos lo sabrán explicar. La voracidad del complejo industrial militar, y la presencia de una crisis financiera internacional permiten aventurar el significado de este ataque como un capitulo más en la vieja historia que ya Eduardo Galeano, entre otros, supieron dejar al desnudo: la importancia de la guerra en tanto disparador de la economía. Es aquí donde nuevamente interviene Madre Coraje. Visto en perspectiva, este elenco conducido por Mario Martinez lleva al escenario, con esmero y humildad, una de las voces más mordaces contra la guerra. Un panfleto antibélico, podríamos resumir, sin por eso menospreciar el valor del clásico teatral. Pienso que con humildad porque lejos del reconocimiento en el ámbito provincial, y mucho menos nacional, y con todo el esfuerzo de producción que significa llevar a las tablas un elenco de casi 20 personas de manera independiente, los paranaenses pueden apreciar una de las obras mas fascinantes de la dramaturgia universal, que además cuenta con el aliciente de ser una pieza fundamental en la crítica al estado de guerra permanente que el capitalismo central ha impuesto a lo largo de su desarrollo.

Otro hecho que dialoga directamente con la presentación de Madre Coraje en nuestra ciudad tiene que ver con el recordatorio del último golpe de Estado. Este episodio trágico de nuestra historia, para nada tiene que ver solamente con el pasado. Las consecuencias de la dictadura son algo cotidiano, y aún hoy cuesta mucho trabajo desarticular el entramado de corrupción, desigualdad y autoritarismo que la alianza civico militar que protagonizó el golpe nos heredó. En este sentido confluyen las lecturas militaristas de la lucha social y el despliegue represivo del Estado en connivencia de amplios sectores civiles y de muchas potencias internacionales que participaron activamente financiando el golpe y hoy hablan de asegurar derechos universales en Libia. Lejos de la lectura de los dos demonios, el plan sistemático para desintegrar la relación de solidaridad que el pueblo argentino tejió entre sus trabajadores y estudiantes, y entre todas las generaciones, ancianos y jóvenes, allá por mediados de los setenta, se tradujo en la instalación de la lógica militar como ordenadora de la vida social en nuestro país. Vivir en estado de sitio permanente, comerciando entre las filas de soldados, cambiarse de religión para sobrevivir, fueron algunos de los condicionantes de la vida de Coraje, que además fue madre soltera y solitaria luchadora por la sobrevivencia de sus hijos. Característica, esta última, que la unen en una metáfora caprichosa de la historia con la gesta de las Madres de Plaza de Mayo en nuestro país.

Podríamos continuar enumerando las conexiones posibles que esta historia del alemán Bertold Brecht puede tener con nuestro país, y el día a día. En ello radica su calidad como clásico, en continuar significando la actualidad con una vigencia tal que la encuentra siempre vital, siempre hiriente a los intereses de las clases dominantes. De hecho, esta historia tan cara al teatro mundial, encuentra en Paraná una nueva versión de la mano de un aventurado productor y director, con aquilatada trayectoria y un elenco capaz de producir la sensación y reflexión que la obra exige. Pero no logra conmover aún las intenciones de funcionarios y agentes del arte y la cultura como para hacer circular este voluptuoso trabajo entrerriano a todos los rincones de la provincia, al menos. ¿Por qué? Esperemos que sea por disidencias ideológicas con el texto de la obra, antes que por el factor económico que insume su realización. Más allá del motivo, lo cierto es que el jueves próximo, Madre Coraje amenaza con realizar su última función, y dar por terminado su breve, aunque no menos intenso, ciclo de emociones y razones.

 

Nicolas Rigaudi

(ahhh! y pusieron que soy actor che, toda una responsabilidad. quizás sea mejor decir: un hombre que busca dejar de actuar, jijiji)

 

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