De revoluciones truncas

mayo 3, 2011

Debo escribir rápido porque en unos minutos se acaba la conexión wifi que le robo a algún vecino distraido, asi que disculpen la premura de mi pluma, pero es que dependo de la conjugación de inspiración y velocidad para sortear el obstáculo de la pobreza de no tener una conexión estable a internet. Abrazoooo

Desde que se conocieron se amaron. Se encontraron en el momento adecuado, en el lugar adecuado pero con los pensamientos equivocados. Lo que fue equivalente a tener el paso de baile cambiado. Y como es de esperarse cuando las parejas no bailan al mismo compás, las pisoteadas se multiplican y suele doler mucho. No obstante, algo mas poderoso que ellos mismos los mantenía unidos, orbitando el uno alrededor del otro, alternándose de a ratos en los roles del sol y la tierra, o la tierra y la luna. Sea que estén cerca o lejos, ausentes el uno del otro, siempre siempre, la mente inquieta traia el recuerdo vívido de una discusión, de un debate, una charla, un libro compartido o una película que vieron juntos. Prontamente la relación con cualquier tercero paso a estar mediada por las palabras que entre ellos habían generado, y el lenguaje se pobló de sensaciones, sabores, perfumes, gustos, texturas y sonidos que ineludiblemente conducían hacia esa otra persona.

La presencia de su ausencia se hacia ineludible, estaba ahi, su figura clavada en la pared de sus recuerdos. El trasfondo de sus pensamientos era ella, y para ella él lo era también. Tal es así que cuando se dieron cuenta que eso mismo los superaba, que el estallido se llevaría puesto todo lo que conocieron hasta el momento. Cuando advirtieron que si daban paso en profundizar ese vínculo las energías productivas que liberaría su unión, transformarían radicalmente las relaciones de su producción del ego. Cuando advirtieron el abismo de desaparecerse fundidos en una conexión sui generis, no ya una suma de individualidades, entonces ambos decidieron por igual, y sin escatimar sufrimiento, alejarse de ese otro que lo llevaría hasta el alquímico estado de elevación. Nada se dijeron, todo se insinuaron y en un largísimo espinel de “nopuedos” se fueron olvidando mutuamente, hasta no reconocerse más que sólo en sueños.

elnico

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