La opresión del opresor

agosto 12, 2011

Se saca los zapatos, tiende la mano, no muy largo, y alcanza uno de los cientos de artefactos para comunicarse, nada está lejos, todo cerca, nada duele, sólo cayos en su piel, en sus palabras, pero jura que lo hace por amor, por amor al prójimo. Entonces se saca disimuladamente sus zapatos, y sus medias, más resplandecientes que mi mejor camisa, quedan expuestas, envuelven el pie, que descansa ahora ya liberado de la opresión del calzado. Entonces, el dueño de ese pie, está en condiciones de oprimir unos cuántos botones, y oprimir a unas cuántas personas, como si fueran botones, o pieses aprisionados en sendos zapatos, más sofisticados. Qué hay del pobre pie, del pie del pie del pie, que no puede descalzarse, porque ni calzado tiene, sino tan sólo, una suela arriba suyo, que aprieta con el peso, de un pie más otro pie, más otro pie, y así sustantivamente, aunque no a veces subjetivamente, qué sé yo. Mejor sigo laburando, con los zapatos puestos…

elnico

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