El cuarto oscuro

agosto 17, 2011

Y al entrar al cuarto oscuro, la presidente de mesa, y una fiscal repararon en su talante un poco ido, “debe estar drogada”, se dijeron sin más. Entonces, ya en la oscuridad del cuarto, la sufragante largó rienda a su pulsión, y empezó el despelote: “vamos a cortar boletas se dijo”.

Una fiesta de cortes distintos, una guirnalda de hombrecillos recortó con las boletas de los partidos, hizo origamis, entre los que destacaron muy buenas grullas, y lindos barquitos. Se acercó hasta la mesas con las diversas propuestas y olió profundamente el aroma de la celulosa embebida en tinta. Pasó su mano suave y cariñosa, con la palma hacia la cara de los candidatos, como haciéndole reiki a la democracia. Y cuando ya estaba consubstanciada con la latencia de las opciones, pasó lentamente a desnudarse en el cuarto oscuro. Se sacó la campera y el buzo, levanto por la mitad su remera, pasó los papeles por su abdomen, y su suave piel conoció de propuestas. Las había más ásperas y otras más dulces, supo también que no era lo mismo ser de izquierda que de derecha, y cuando creyó conveniente detenerse sobre una opción concreta, continuó desvistiéndose hasta quedar expuesta.

“Es que me seduce la contienda”, se dijo a sí misma, mientras acercaba de golpe y por puñados las boletas hasta sus tetas. Pasose el cuerpo completo preñado de tanto aparato, los partidos y su piel se hicieron una fiesta. Abstraída, los ojos en blanco, gemía despacio como quien no quiere ser descubierta. Se revolcó en el piso, en su colchón de boletas, besaban su cuerpo altamira y castillo, cristina, urribarri, schvartzman, duhalde y d’angelo, y en esa orgía cívica, encontró los remolinos del estallido que se acercaba, tomó al azar, un conjunto que redujo a puñado, y febril pero suave deslizó por sus partes, en reiterados movimientos circulares sobre su lado más sensible, hasta alcanzar en un grito desgarrador el techo de su orgasmo: ¡viva Perón, carajo! Grito desde el fondo de sus carnes, a la vez que un sudor delgado emanaba del cuerpo, y como un colchón incierto de promesas y mentiras, las boletas estrujadas fueron su lecho.

Cuando la presidenta de mesa entró, taconeando su obsesión controladora menopáusica cincuentona, no pudo menos que reír de incomodidad, y llamó a los fiscales para que tomaran nota. En breve intervino la gendarmería, intentaron despertarla y nada pudieron, su sueño de patria habia triunfado, frente a la injusticia y el descaro, ella emitió su voto blanco, politizó y comprometió todo su cuerpo: es que hacer la política es como hacer el amor, se dijo en un balbuceo, y votar en blanco no es más que tocarse.

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4 Responses to “El cuarto oscuro”

  1. Rodolinux Says:

    Genial e hipnótico.Felicitaciones!

  2. maris Says:

    Tuve un “orgasmo peronista” al leer el texto. Amé la definición final, contundente y poética.
    Muy gustó el relato 🙂

  3. PAPI Says:

    CUANDO A UNO LE BAJA LA INSPIRACION DE LA FORMA QUE A TI TE SUCEDE SOLO TE PUEDO DECIRHAZ COMO YO EN EL 86. GRACIAS POR SER MI HIJO

  4. arielo Says:

    capo capo capo!!!!! y más capo todavía
    abrazo fuerte…
    no te quepa duda que será reenviado!


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