La rebelión de los monstruos

febrero 20, 2012

Nada que objetarle. La barbarie no jode nadie. Se fornican entre ellos, se matan entre ellos y también se divierten. En los albores del siglo 21, negros, gordas, cojitrancos, zancudas, bailarines en alpargatas, patasduras, piquines desconocidos, bellezas del alquitrán, deformes, jorobados, invertidos y trans se festejan su hediondez entre la alegría, el sufrimiento, el llanto y la ignorancia de la enorme prensa que se avecina por el cielo, y aprieta contra la tierra.

Por los arroyos de la ciudad corre agua negra. Los ecologistas gustan decir que es contaminación, pero poco saben que se trata de la sangre de los pobres, que dia a día son sacrificados en las barrancas del antoñico, la santiagueña, etc. ¿y por qué negra? Se preguntarán, ya que la sangre es roja, pero sin ser sospechado por los ecologistas, los pobres saben que es barro lo que corre por sus venas, ya que su alimento no es más que el sedimento que se asienta en el lecho.

El carnaval, el corso, el desfile de la hediondez, el enseñoreo de la barbarie que se engalana en su gueto de la periferia, y en un espectáculo desafiante de la belleza y la normalidad le llena el culo de pasto a la tilinguería barata que canta y nombra a la pobreza, como el ciego que nombra a la luz.

Desfile desparejo, que por momentos no puede encuadrarse en género alguno, resiste las clasificaciones del arte espectacular con el que fuimos educados entre pantallas y teatros burgueses. Una reina del carnaval transexual, plumas deshilachadas, cuerpos cualiformes que derraman carnes, una iglesia que a lo lejos vuelve tolendos esos cuerpos, y el magmático griterío constante de niños, adolescentes jóvenes, adultos y viejos que juegan, se seducen, se pelean, enfurecen… un apuñalado deambuela en busca de un choripan, con su puñal a la altura del riñon, mientras pungas fiolos, matones ya sesinos toman fernet a los costados, entre la admiración y el equilibrio para el nuevo ilícito porvenir.

El pueblo patas arriba, el carnaval popular, trasubstanciación de las ideas, bestiario subhumano que camina por un cauce de pavimento, lecho de carne y piel, donde lo negro se vuelve oro, y al oro se lo comen los rubios, apenas unas cuadras más arriba. Testimonio, postal, manifestación del afuera que pulula y pretende hablar, pero carece de vocablo. Espectáculo innombrable que se resiste al lenguaje, lo mismo que el lenguaje y sus gestores se resisten a él, a su mismidad, y cada tanto dan una limosna creando canciones sobre los pobres lindos…

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