Pueblo endiablado

agosto 18, 2013

Enormes y oscuros se yerguen en la noche muda gigantes de acero. Apenas unas luces sirven para intuir el paso tímido de algún que otro cristiano que se atreve a pasarles por al lado sin ser devorado, o aplastado de un simple pisotón. Noche cerrada. La repetición hasta el cansancio de las mismas acciones envuelve a los pueblos que vamos dejando atrás en un halo de insanidad. Algo se quiebra. La locura también emerge en esos margenes rurales. Allí donde las leyendas corretean debajo de tablones, o entre alambrados y patios. Siniestro, espeluznante vacío que concede a la vida de sus pobladores una oportunidad para lo fantástico. Ni el poder magnifico de las capitales, ni el dinero y la opulencia de las mejores cosechas se hace presente entre aquellos caseríos a la vera de la ruta, entonces sólo la locura, el dolor, ofrecen algo de vértigo. Hombres, mujeres y jóvenes se arrojan de a uno al desenfreno constante. Y cada tanto explota un lobizón en el pueblo. Una de sus hijas mas bellas aparece degollada, o simplemente desaparece una criatura. Se la trago la tierra, dicen los baquianos, con la mirada de asombro, y un pequeño brillo que deja la puerta entreabierta. Que va. Salgamos rápido. Algo esta por pasar.

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