Volver

enero 17, 2014

Hace unos días que he vuelto, y quiero decirlo, escribirlo, pero no puedo.

He vuelto de viaje. Todavía me duele la piel de la quemadura que me pegué. Y el higado con todo lo que tomé. Pero tengo alegre el corazón porque además he vuelto a la lectura. Si, puedo leer devuelta. Eso me ha alegrado el corazón. He vuelto también, aunque despacito, con respeto, a la escritura. Ese bicho indomable que es la palabra. He vuelto a mojarme los pies en su oleaje a veces suave y a veces bravo. He vuelto a sentir la sal de su espuma, el aire frío de las mañanas cuando las palabras se desperezan y se van, raidas, la noche y sus poemas. He vuelto a escuchar a las aves, y también a los trabajadores que llevan y traen mercaderias. Ruidos de cajones, puertas y motores, diálogos de amores y consejos. He vuelto sobre mis pasos, como recorriendo el espinel. Y me encontré con las personas que me pueblan diariamente, que me han acompañado. He vuelto a escuchar la voz honda de mi vieja contándome los problemas, y el paciente silencio de mi sobrino, que apenas balbucea, a la espera del momento oportuno para decir. ¡Cuánta sabiduría! He vuelto además a leerme, esas entrevistas viejas, con mis torpezas gramaticales, ortográficas, mis reiteradas metáforas, mis recurrencias, mi falta de creatividad. Pero he transitado, al leerme nuevamente, ese camión ruidoso de sueños y de añoros, de esperanzas, de alegrías, de tristezas, de angustias. He vuelto. estoy barbudo, con las uñas largas y sucias, andrajoso, como siempre, pero más viejo. He vuelto a vomitar un relato en apenas unos minutos, y quedar exhausto, rendido, con ese gusto amargo que se produce cuando pienso que podría estar mejor. He vuelto a sentir mis musculos, mis piernas, mis brazos y espalda, mis dientes. He vuelto a sentir el aire de los viajes, el resplandor del primer rayo de sol al amanecer, sobre el mar, Festejado por millones de olas blancas y resplandecientes, coronadas de azahares, como novias alegres que se agitan ante su nacimiento, nuevo y viejo a la vez, anunciado, pero siempre sorprendente. He vuelto a mis menudencias, a la cárcel yerta de mis temores. Al desorden instáneo y elocuente de la habitación, que no es más que la expresión de mi desorden interno. He vuelto a sentir el frío cierto de mis barrotes, esa prisión oscura que me oprime el pecho y no me deja dormir. He vuelto a las pesadillas conocidas, a despertarme gritando. He vuelto a sentir la boca absolutamente seca del miedo aterrador, y a no poder hablar porque la lengua se convirtio en piedra pomez. He vuelto a decir, de tanto ser maldito. De tanto ser hablado. De tanto dejarme ir, olvidarme de mi. He vuelto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: